Fotoperiodista expulsado de Irak por mostrar fotos de soldados muertos

© Zoriah Miller

Ocurrió hace tiempo ya, unos cuantos meses, pero no deja de parecerme patética la doble moral del Tío Sam.

Al parecer, los Estados Unidos continúan empecinados en no mostrar lo inevitable de una guerra: la muerte. Esa que se hace presente en cada combate, en cada ataque, a cada momento, a cada hora y en cualquier lugar.

Así, los fotoperiodistas que cubren en el conflicto en Irak tienen terminantemente prohibido mostrar la sangre norteamericana derramada en esas áridas tierras.

De este modo, el Ejército cuenta con una serie de reglas mediáticas que impiden la publicación de imágenes en las que puedan verse los cuerpos sin vida de los soldados americanos. ¿Una forma de esconder lo que realmente sucede? ¿Una manera de que el pueblo no se entere de la cantidad de vidas que se ha llevado este proceso? ¿O tan solo la protección de los muertos y sus familias?

Pues ahora la polémica ha ido más allá debido a que el fotoperiodista especializado en cubrir todo tipo de conflictos bélicos, Zoriah Miller, decidió dar a conocer en su blog una serie de instantáneas tomadas luego del atentado suicida ocurrido en Al Karma el 26 de junio. Allí pueden apreciarse crudas imágenes de muerte, sangre, cuerpos destruidos y sufrimiento.

© Zoriah Mille

De este modo, el Ejército consideró las acciones de Miller como una transgresión a sus reglas que prohíben mostrar esas imágenes a no ser que los cuerpos no puedan ser identificados o que la familia lo autorice. Acto seguido, el periodista fue expulsado de Irak de inmediato sin posibilidad de defenderse.

En ese sentido explicó: “Es una guerra y no podemos retratar sólo a soldados distribuyendo caramelos. También hay que mostrar la muerte”, además, “presenté imágenes que mostraron una vista sin censura de un evento terrible, con una pequeña medida de dignidad para aquellos que perdieron sus vidas”. Por su parte, contrario a lo explicado desde las fuerzas armadas norteamericanas, Miller se defiende diciendo: “Esperé tres días antes de publicarlas, me aseguré de que los cuerpos no eran identificables y que las familias estuviesen informadas”.

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